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UNA MONTAÑA,
TRES GEOGRAFÍAS

Una montaña, tres geografías.

En contraste con la piedra desnuda de las cumbres, al abrigo de los valles nacen bosques profundos que crean su propio universo. Los hayedos y robledales que se desparraman desde el norte, contienen toda la magia y misterio de los bosques húmedos, ésos que el folclore supone poblados de duendes, brujas, fieras y dragones. Además de hayedos y robledales, también hay lugar para bosques mixtos y sabinares, completándose así una diversidad difícil de contemplar en otros lugares.

Resulta fácil comprobar que la Cordillera Cantábrica no constituye un territorio uniforme, sino que pueden distinguirse tres unidades geográficas bien diferenciadas. Al sur, “el país de las suaves colinas”. Un paisaje ondulado en el que alternan prados, piornales, bosques y tierras de labor, que invita a pasear por  sus pequeños pueblos, donde abunda el arte románico.

Al noroeste donde la cordillera se achica para fundirse en la depresión del Ebro, se hallan las estribaciones del Páramo de la Lora y del propio valle del Ebro que se caracterizan por los parajes abiertos del alfoz de Aguilar de Campóo, surcados por el río Pisuerga, que rompe el páramo calizo en cañones como el de la Horadada.

Al norte se erige la alta montaña, constituida por los grandes macizos de Riaño, Mampodre, Fuentes Carrionas y Fuente Cobre; el más interesante desde el punto de vista montañero. Es un espacio ocupado por lagos glaciares, pastos alpinos y picachos cuyas siluetas abruptas magnifican el aislamiento. Buenos ejemplos son el Espigüete, pirámide solitario y visible desde muchos kilómetros a la redonda; o el Curavacas, poderoso bastión cuya forma dignifica la cordillera; o el que es, posiblemente, el mejor lugar para contemplar en todo su conjunto los tres macizos de Picos de Europa: Peña Prieta; Pero hay más: Tres Provincias, Pico Murcia, Peña Labra, Valdecebollas... y así hasta una veintena de montañas que sobrepasan los 2000 metros y que no defraudan a los montañeros que se aventuran por estos solitarios pagos.

Con la llegada del invierno esta montaña atrae por igual a alpinistas esforzados, engolosinados por los corredores que se forman en las caras norte y las cascadas de hielo, y a los esquiadores de travesía. Pero esto no significa la expulsión de los montañeros menos especializados. También ellos tienen la oportunidad de ascender a las cumbres más bellas en un ambiente de alta montaña inigualable, utilizando vías de ascensión asequibles que no tienen problemas técnicos grandes y que deparan jornadas deportivas muy satisfactorias, siempre que se aborden con prudencia y con el equipo adecuado, naturalmente.

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